2019 · 03 · 04

Campo de refugiados de Shatila: Traumas y esperanzas en blanco y negro

Ella Baron, dibujante británica que obtuvo el Premio a la mejor ilustradora joven del Reino Unido en 2016, tuvo la oportunidad de charlar con mujeres refugiadas y con los psicólogos que las atienden en Shatila, un campo de refugiados en Beirut, la capital de Líbano. Así dibujó los relatos de los que fue testigo

Paciente: "Mi hija de seis años fue secuestrada cuando volvía de la guardería del campo. Mi marido está en la cárcel por las deudas que acumuló, así que tengo que criar a los niños yo sola. No tengo tiempo para traerlos de vuelta desde la escuela hasta casa".

Una paciente le dice a la ilustradora: “Si me dibujas, quiero aparecer vestida de manera elegante, no me dibujes con en estos pantalones holgados, por favor".

Partera de MSF: “¿Es niño o niña?' Esta es la primera pregunta que me hacen en todas las ecografías. Si la mujer está esperando una niña, siempre les decimos que aún no lo sabemos, porque el hecho de que el bebé no sea un niño puede causar tensiones en la familia. Le muestro su cuerpito, le señalo los pies, las manos, la cara y hago que escuche su corazón. Aún siento mucha felicidad cada vez que tengo que asistir un parto, pero en Shatila esta experiencia puede llegar a ser muy difícil. Hace unos meses me tocó atender a una niña de 12 años que estaba embarazada de su segundo hijo”. Ella Baron

Psicólogo de MSF: "Trabajar aquí puede llegar a ser muy difícil. Por eso, cuando necesito un descanso, subo a la terraza de nuestra clínica. Desde allí puedes observar cuántos pájaros hay… ¡Y ver que muchas personas los alimentan! Es algo que siempre me ha llamado la atención, porque aquí la gente apenas tiene nada. Supongo que de esta forma encuentran un poco de esa libertad que han perdido".

Psicólogo de MSF: "Aceptar un trauma es como enfrentarse a un armario ropero a punto de rebosar. Al abrir la puerta, se te vienen encima un montón de prendas que caen al suelo, sembrando el caos y sumiéndote en el desconcierto. Pero es justo en ese momento, con la ropa esparcida por todos lados, cuando por fin entendemos que solo hay una manera de restablecer el orden: sacando todo lo que queda dentro, clasificándolo de nuevo y doblándolo cuidadosamente antes de colocarlo otra vez en su sitio".

Paciente: "Mi familia está compuesta por 11 personas y eso hizo que mis padres me pusieran a trabajar cuando apenas tenía 13 años. Comencé en un almacén al lado de Shatila, clasificando ropa. Mi jefe era un hombre de 45 años. Una noche, aprovechando que estaba sola en el recinto, vino y me violó. Al principio no quise decir nada, porque no quería que mi familia sufriera el escándalo, pero mi hermana mayor descubrió que tenía el cuerpo lleno de moratones y tuve que contarle todo. Fue ella quien me trajo a la clínica de Médicos Sin Fronteras".

Paciente: "Cuando aquella bomba cayó en nuestra casa, mis piernas quedaron atrapadas por los escombros. No pude hacer nada: vi morir a mis familiares delante de mis ojos. Mi madre, mi hermana, mis dos hijos… se estaban muriendo y yo no podía hacer nada. Desde que llegamos a Líbano, la mayoría de los días me quedo encerrada con los niños. Han pasado casi cinco semanas desde la última vez que salí".

Psicólogo de MSF: "Intento ayudarle a dejar atrás esa culpa, hacerle ver que su familia entendería que ella hizo todo lo que pudo. A día de hoy, seguimos trabajando para que logre marcar las diferencias entre olvidar y superar". Ella Baron

Paciente: "¿Un buen recuerdo de Siria? La noche que terminé mis exámenes universitarios. Fuimos a celebrarlo en un parque, compartimos una comida y disfrutamos de un bonito día todos juntos".

Psicólogo de MSF: "Los buenos recuerdos nos dan fuerzas cuando las cosas van mal. Yo aconsejaría dedicar un tiempo específico cada día a recordar los lugares y las personas que has perdido. Pero para aprovechar al máximo el presente, es importante aceptar que no se puede volver al pasado". Ella Baron

Fuente: El País - España