2018 · 11 · 30 • Fuente: Asa Winstanley, Middle East Monitor en Español

La represión contra el movimiento BDS es una señal clara de su éxito

Shrinking Space and the BDS Movement es un importante documento que ofrece una visión general muy perspicaz sobre las distintas maneras en las que Israel y sus agentes y propagandistas de todo el mundo libran una guerra contra el movimiento de solidaridad con Palestina.

Manifestación en apoyo del movimiento BDS el 15 de julio de 2012 [Heri Rakotomalala/Flickr]

A pesar de los potentes ataques israelíes, coordinados de forma global, en contra del movimiento de boicot, desinversiones y sanciones, el BDS no sólo sobrevive, sino que prospera. Esa es la conclusión de un nuevo informe del Instituto Transnacional redactado por Bina Ahmad, Phyllis Bennis y Ben White.

Shrinking Space and the BDS Movement es un importante documento que ofrece una visión general muy perspicaz sobre las distintas maneras en las que Israel y sus agentes y propagandistas de todo el mundo libran una guerra contra el movimiento de solidaridad con Palestina.

El movimiento BDS fue fundado en 2005 por sindicatos y otros grupos de la sociedad civil palestina en torno a tres demandas: el fin de la ocupación israelí, derechos totalmente equitativos y el regreso al retorno de los refugiados palestinos.

Tal y como señala el informe, “los oficiales israelíes tardaron en responder” al BDS y, al principio, tendieron a ignorarlo o a burlarse de ello. Sin embargo, a medida que activistas de todo el mundo comenzaron a acumular más y más triunfos para el BDS, se hizo imposible de ignorar.

En 2014 y 2015, respectivamente, el entonces líder de la oposición israelí, Isaac Herzog, y el presidente Reuven Rivlin admitieron que el BDS suponía una “amenaza estratégica” para la continuación de los crímenes de guerra y del apartheid israelíes. En 2016, el ministro de “justicia” israelí, Ayalet Shaked, abiertamente racista, afirmó en una conferencia en Nueva York que el BDS es “una nueva extensión del terrorismo.” Como anota el informe del Instituto Transnacional, este lenguaje tan descabellado suele estar reservado para los combatientes de la resistencia palestina o para Irán.

Israel es plenamente consciente de que, cuando la realidad de su régimen racista anti-palestino se debata de forma abierta, se enfrentará a una inevitable pérdida de apoyo. Por lo tanto, cada vez recurre más a los ataques, al sabotaje, al juego sucio o a propaganda para contrarrestar la verdad.

La parte encubierta de esta campaña está liderada por el llamado “Ministerio de Asuntos Estratégicos”, una organización mayoritariamente clandestina dirigida por espías israelíes e involucrada en operaciones encubiertas contra el movimiento de solidaridad con Palestina en todo el mundo. Israel ha ido aumentando sus esfuerzos de intentar que sus aliados de muchas capitales occidentales ilegalicen el BDS. El informe detalla cómo esto ha logrado resultados mixtos: “Israel, desesperado por ganar ‘la batalla por el apoyo público’ en muchos países, se ha centrado en medidas que limitan legalmente al BDS.’ En noviembre de 2016, el enviado de Israel a la ONU, Danny Danon, declaró: “Estamos avanzando en la legislación de muchos países… por lo que simplemente será ilegal boicotear a Israel.”

Al igual que en Israel, se ha buscado imponer medidas contra el BDS en Reino Unido, Francia, Holanda y otros países europeos. Han tenido efectos pero, como explica el informe, la inmensa mayoría no han resultado en el estatus de “simplemente ilegal” que pretendía Israel. Y, según dicta el informe, “el BDS se enfrenta cada vez a más ataques precisamente porque está ganando terreno.”

Efectivamente, el BDS ha acumulado varios resultados realmente impresionantes. La razón de que se produzcan tantos ataques contra el movimiento es que “ha jugado un papel vital en la participación de activistas estudiantiles, religiosos, comunitarios y demás en un compromiso global-pero-local que hace frente a las violaciones israelíes contra los derechos humanos y el derecho internacional con una serie de tácticas de presión no violentas que dan resultados reales.”

La represión ha aumentado “precisamente porque los partidarios de Israel saben que están perdiendo el apoyo público, particularmente el de los jóvenes. Eso también explica la mayor dureza de los ataques, a menudo crueles, contra estudiantes activistas vulnerables.”

Especialmente en Estados Unidos y en Francia, los estudiantes han sufrido consecuencias muy reales, como el cierre efectivo de sociedades palestinas o sanciones legales. Incluso así, “de momento, aunque el espacio [en el que trabaja el BDS] sigue siendo cuestionado, no se está reduciendo.”

Por definición, la represión global israelí del movimiento BDS sólo puede tener un éxito limitado, ya que “es influyente de formas que sólo puede ser una campaña descentralizada y enraizada – a diferencia de las iniciativas propagandísticas del gobierno.”

Un aspecto clave de este informe es cómo sitúa el movimiento palestino de boicot a Israel en el contexto global; también lo hace con la represión a la que se enfrenta: “Los movimientos históricos, políticos y sociales en los que se inspira el BDS también sufrieron represión.”

Cuando eran desafíos populares para el régimen del apartheid en Sudáfrica o el sur de Jim Crow en Estados Unidos, por ejemplo, “la respuesta de quienes estaban en el poder fue dura. Todos estos movimientos fueron calificados como divisivos, violentos, criminales y se enfrentaron a la sanción del gobierno y a la criminalización.”

Dicho de otra forma, resistir ante esta represión es parte de la propia naturaleza de la lucha política. En un pasaje alentador para los activistas del BDS, el informe concluye: “Todos estos movimientos resistieron – y todos estos movimientos ganaron.”

El BDS va ganando.

Fuente: Asa Winstanley, Middle East Monitor en Español